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Manifiesto 8M 2024

Este 8M viene marcado por la huelga feminista del pasado 30 de noviembre, centrada en los cuidados. El Movimiento Feminista de Euskadi convocó esa jornada para recordar que,  tras las históricas manifestaciones de varios 8 de marzo, pocas cosas han cambiado: las mujeres siguen copando puestos de cuidados, y estos siguenestando precarizados e invisibilizados. El 30 de noviembre de 2023, bajo la intensa lluvia, muchos colectivos del movimiento feminista -no todos, hay que recordarlo- lanzaron sus reivindicaciones: la precariedad laboral, el trabajo invisibilizado, la falta de Casas de las Mujeres , la pérdida de poder adquisitivo con el paso de los años… Fue, hay que recordar, una jornada intensa con varias manifestaciones que recorrieron calles de pueblos y ciudades. A pesar de la lluvia, se demostró que había unidad para la reclamación (el movimiento pensionista; las trabajadoras del SAD; Koloretxe, asociación que reclama la casa de las mujeres…).

Hace poco, Bizitzak Erdigunean ha hecho un llamamiento para denunciar que las instituciones han hecho caso omiso y que, por tanto, nada ha cambiado tras la huelga del 30 de noviembre. Han subrayado que los cuidados se han convertido en un nicho más de mercado explotado por multinacionales; la privatización de Osakidetza y el encarecimiento del Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) en muchos casos suponiendo que muchas usuarias no puedan acceder al mismo.

Por ello, Elkarrekin Podemos reclama un Sistema Público de Cuidados, porque entiende que deben ser las instituciones las garantes de una vida digna y de unos cuidados dignos. No deben quedarse en manos de personas con trabajos inestables y ocultos, cuando no, ser atendidos por familiares, en su gran mayoría mujeres, que se dedican al cuidado de forma ‘altruista’, es decir, tareas no reconocidas (menores, mayores, familiares…).

Los cuidados son la punta de iceberg, un iceberg que se sustenta en un ‘suelo pegajoso’ que atrapa a las mujeres, en muchas ocasiones, mujeres migradas, en los trabajos peor remunerados o que la mayoría de las personas no desean realizar. Trabajos inestables y ocultos, o mejor dicho, precarizados e invisibilizados. Pero los cuidados también son el SAD, parte de ellos ahora mismo en manos de Sacyr, una constructora; o el desmantelamiento de Osakidetza, para mayor lucro de clínicas privadas o de empresasque asumen (a costes desorbitados) servicios que antes ofrecía la Sanidad Pública. Esa es la clave: lo Público.

Y los cuidados, servicios de primera necesidad, deberían estar en el centro de la vida, de las políticas públicas, de los presupuestos, que al fin y al cabo, a eso se reduce casi todo. Deben de ponerse recursos públicos: debe construirse residencias y republificarse las que ya existen y que están privatizadas en gran medida, deben dignificarse los trabajos del hogar, abolirse el trabajo de ‘interna’, deben garantizarse el acceso al SAD…

No podemos olvidarnos de los techos de cristal, de la brecha salarial, de las agresiones sexuales, de la violencia vicaria, del prohibido pero aún aplicado Síndrome de Alienación Parental, de la violencia obstétrica, la institucional, la judicial… Tantas y tantas luchas, que hastían, agotan y enfadan.

No podemos tampoco no hacer mención de Palestina, la gran olvidada. El feminismo es valorado por su capacidad de transformación social en tanto que ayuda a preguntarnos por os referentes impuestos, a identificar opresiones y a solidarizarnos entre mujeres. Por eso, a la hora de analizar un conflicto bélico y lo que implica vivir en una sociedad democrática y en paz, es imprescindible aplicar la perspectiva de género y, sobre todo, la mirada feminista.

En un momento en el que las crisis del capitalismo se suceden, los recursos naturales escasean y los conflictos armados no dejan de aumentar, la cuarta ola del feminismo no puede mantenerse ajena a las guerras del siglo XXI. Cada vez somos más las que entendemos que las causas palestina y saharahui son causas feministas, antirracistas y anticoloniales y en defensa del territorio, así como que la crisis climática está profundamente ligada a todos los sistemas de opresión y de explotación. Comprender esas conexiones y avanzar por la articulación de esas luchas es fundamental y una fortaleza para todas las que trabajamos por ese horizonte de paz, justicia y dignidad para nuestros pueblos.

Una política exterior feminista no aborda únicamente los problemas que sufren las mujeres por serlo, como la violencia psicológica, sexual o física, sino que pone en el centro las herramientas feministas para hacer de las mujeres agentes activas en el establecimiento de la paz. En este sentido, la paz en sí misma no es feminista. Lo que es feminista es una paz con justicia, rendición de cuentas, participación de las mujeres en los procesos de negociación y de consolidación de la paz y en las estructuras de poder. Por eso, que nos digamos defensoras de la paz no quiere decir que seamos pasivas. Las resistencias contra la guerra tienen rostro y cuerpo de mujer. Pero las guerras se han contado sin nosotras, y nos han hecho invisibles.

Porque si nos tocan a una, nos tocan a todas, en Elkarrekin Podemos creemos en un feminismo interseccional e internacionalista por la paz con la misma potencia transfronteriza del MeToo o del SeAcabó contra las violencias sexuales en todo el mundo, esta vez para unirnos a todas en nuestra diversidad en torno a un objetivo común: acabar con el régimen de guerra, opresión y colonización.

Y por ello, además de reclamar el fin de la venta de armas, de criticar el aumento de presupuesto para Defensa, de dejar de mirar para otro lado, exigimos también poner el foco en los cuidados. Los cuidados para con otros y otras, los cuidados para con nosotras, los cuidados para con las personas más desfavorecidas, los cuidados

 PODEMOS Ahal Dugu

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