Manifiesto 25N

 

El 2022 ha sido y está siendo un año importante en el avance en torno a las políticas feministas y la erradicación de las violencias contra las mujeres, niñas y adolescentes. Muestra de ello es la reforma de la Ley de  Igualdad vasca que se aprobó en marzo; la Ley de Garantía Integral de la Libertad Sexual publicada en septiembre; también salió adelante el proyecto de reforma de la Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de Salud  Sexual y Reproductiva y de Interrupción Voluntaria del Embarazo, que, además, trajo consigo la modificación del Código Penal para penalizar el acoso a mujeres que acuden a clínicas de interrupción voluntaria del  embarazo. Asimismo, está en proceso de aprobación el proyecto de Ley Integral contra la Trata de Mujeres con fines de Explotación Sexual.

También se han llevado a cabo otro tipo de acciones como la aprobación en julio del Plan de Inserción Social y Laboral para víctimas de trata con fines de explotación sexual y mujeres en contextos de prostitución; la  creación del Plan de acción contra la explotación sexual de niñas, niños y adolescentes del sistema de protección a la infancia; el establecer medidas para permitir el acceso a determinados servicios y recursos a las  potenciales víctimas de trata de seres humanos y de explotación sexual, incluidas las derivadas del desplazamiento de personas que huyen del conflicto armado en Ucrania; la aprobación del Plan Estratégico de   igualdad de Oportunidades (PEIO) de 2020 a 2022 o la aprobación del III Plan Estratégico para la Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres (PEIEM), que marca la agenda política en materia de igualdad para los  próximos cuatro años (2022-2025).

A pesar de estos avances hacia la erradicación de las violencias contra las mujeres, niñas y adolescentes, este 25N Día Internacional contra las Violencias Machistas, también tenemos que señalar todos los tipos de  violencias que en el último año han incrementado su incidencia. Este negativo incremento también tiene que ver con una mayor visibilización y sensibilización, lo que supone, al mismo tiempo, un avance en el camino  para conseguir que desaparezcan todas las violencias machistas. En los últimos meses ha habido un gran incremento de las violencias contra las mujeres, en especial de las violencias sexuales, ejemplo de ello es el  dato conocido en las últimas semanas de que en Euskadi ha aumentado en un 27,2% el número de denuncias de violencias contra la libertad sexual de las mujeres. Datos que si nos centramos en los de agresiones  sexuales, las denuncias se han incrementado en este 2022 en un 75,7%, según datos recogidos por la Ertzaintza.

Esta realidad se ve también reflejada en los datos recogidos por el Satevi (Servicio Especializado de información y atención a mujeres víctimas de violencia doméstica o por razón de sexo), el cual ha recibido en el último año el doble de llamadas para denunciar delitos contra la libertad sexual. Ademas, debemos tener en cuenta que cuando hablamos de delitos contra la libertad sexual, no podemos centrarnos en los ocurridos en el espacio público, sino que debemos poner el foco también en los que se dan en el espacio privado, de  los que apenas hay datos. Es necesario una ruptura del tabú respecto a la violencia sexual para poder combatirla. Todas sabemos identificar que un ataque en el espacio público es violencia sexual, pero hay muchas  otras situaciones que también los son. Las más invisibilizadas y, muchas veces, difíciles de identificar y, por ende, también más difíciles de conocer su magnitud real, son las violencias sexuales en el espacio privado. 

Según el último estudio de Emakunde el 8,9% de las mujeres a nivel estatal ha sufrido violencia sexual por parte de su pareja o expareja en algún momento de su vida. Y más concretamente, un estudio sobre violencia sexual en España publicado este año por Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP) en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid (UCM), resalta que una de cada trece mujeres (7,8 % del total) ha sido  violada por su propia pareja, un porcentaje más de tres veces superior al del que las sufrieron fuera de su pareja (2,2 %). Este tipo de violencia contra las mujeres y niñas se dan habitualmente en espacios que  deberían ser seguros y a manos de personas que percibimos como protectoras.

Y hablando de violencias invisibilizadas, no nos podemos olvidar de la violencia ginecoobstétrica, que hasta hace poco ni siquiera estaba contemplada como violencia (ahora está nombrada en la reforma de la ley de  igualdad vasca de marzo de 2022), pero aún queda mucho por hacer en torno a su visibilización, sensibilización, identificación y erradicación. Comenzando por el hecho de que se la nombra como violencia pero no se  la define, y cuando Elkarrekin Podemos-IU presentó el proyecto de Ley de Derechos Sexuales y Reproductivos en Euskadi, en el cuál se incluía no solo la definición, sino también medidas para combatirla, la respuesta  fue no tener en consideración esta propuesta por decir que “no es necesaria ni responde a las necesidades de las mujeres vascas”. Pues bien, Europa no piensa lo mismo y ha sido muy clara con sus  informes. No solo con las recomendaciones y llamadas de atención constantes a España, sino más concretamente y aterrizado a nuestro servicio de salud, es muy reseñable el fulminante informe sobre el caso de  Nahia en el cual dictaminaban claramente que Osakidetza y su personal ejercieron violencia obstétrica hacia ella. Además de esta situación que claramente demuestra la existencia y cruda incidencia de la violencia  gineco-obtétrica, los pocos datos que existen muestran que al menos al 38,3% de las mujeres en el territorio español reconocen haber sufrido este tipo de violencia. Aunque se estima que este porcentaje es mayor, ya que habría que sumar todas las mujeres que aunque la hayan sufrido no pueden reconocerla, por lo invisibilizada y negada que está.

Existen multitud de tipos de violencias que nos afectan de diversas maneras. Nos vemos constantemente expuestas a la violencia institucional, simbólica, psicológica y verbal, a la cual tenemos que hacer frente  cuando intentamos erradicar las violencias contra las mujeres, niñas y adolescentes desde cualquier espacio y ámbito. Ejemplo de ello es la violencia y persecución a la cual se están viendo expuestas las mujeres que  han estado al frente de la Ley de Garantía Integral de la Libertad Sexual (solo si es si), una herramienta legislativa pensada como una protección hacia las mujeres, y que el sistema machista y misógino en el que  vivimos ha intentado utilizar como elemento de castigo hacia las mismas. Nos violentan por ser mujeres, nos violentan por no cumplir con el estereotipo y rol patriarcal creado para nosotras y en cual nos quieren  encorsetar, nos castigan por intentar protegernos y asegurar que vivamos sin la contaste amenaza de ser violentadas.

Es importante que no nos quedemos en la punta del iceberg. Hay que abordar todas las caras y profundidades de las violencias machistas; si no lo hacemos, jamás podremos erradicarlas. Llevamos décadas  denunciando y visibilizando los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o exparejas hombres, también el incremento de violaciones, y gracias a ello la gran mayoría de la población lo identifica como violencias  machistas. No podemos dejar de nombrarlas, pero es el momento de ampliar los tipos de violencias, de visibilizar la realidad, y es que la sociedad machista en la que vivimos sigue teniendo una estructura fuertemente  cimentada sobre la violencia simbólica. Si no vamos a la raíz, a las violencias invisibilizadas que sustentan, normalizan y permiten la existencia de las demás violencias, nunca acabaremos con el sistema patriarcal- capitalista que nos violenta, que nos agrede, que nos mata, por el hecho de ser mujeres.

Desde Podemos Euskadi nos sumamos a los actos convocados por los movimientos feministas de Euskadi, y animamos a toda la militancia a hacer lo mismo. Juntas denunciaremos que las violencias machistas  contra las mujeres son un fenómeno estructural y político, y por eso es fundamental conocer y visibilizar sus bases materiales, simbólicas y discursivas. Sólo cuestionando la base cotidiana del machismo y del  patriarcado en todas sus formas podremos erradicar las violencias machistas.

Hartas de violencias. Solo sí es sí!
Indarkeriez nazkatuak. Soilik bai da bai!

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