De cómo sumar sin dividir

Hay que crear un clima previo, unos canales de comunicación que limiten las inevitables suspicacias, que transmitan calma, que aclaren dudas, que generen confianza, que transmitan adecuadamente la información necesaria, que apaguen los fuegos antes de que crezcan. Nos espera un examen muy duro, pero no está escrito que no vayamos a sacar una nota magnífica. Hay seis millones de votos ahí, a la vuelta.
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Nombre autor: Roberto Uriarte

Si juntamos unos cilindros, unos pistones, unas válvulas, una culata, etc., no tenemos un motor; tenemos sólo la posibilidad de un motor. Porque un motor no es sólo un conjunto de elementos; es un sistema; y no se arma con sólo acumular sus piezas. En política, las cosas son aún más complejas, porque sumar piezas, no siempre suma. A veces suma, otras, resta; a veces, incluso, multiplica o divide. En todo caso, el mero hecho de sumar no garantiza nada. Depende de muchos factores, desde el funcionamiento del sistema electoral, hasta la forma en que se articula el proceso de suma.

Tanto en mecánica como en política, la operación de sumar puede tener un resultado multiplicador, si el conjunto se articula en forma de sistema. Para ello se requieren dos condiciones: que cada una de las piezas juegue el rol que le corresponde y que todas ellas estén coordinadas. La segunda de las condiciones es evidente, pero la primera suele olvidarse. Si juntamos un grupo de buenos cantantes no tenemos necesariamente un buen coro. Es evidente que hace falta una batuta que los coordine; pero también que no todos jueguen el mismo rol; que cada uno de los miembros conserve el suyo. Si se pretende que todos fuercen el mismo registro, la cosa no funciona.

Cuando surgió Podemos, la frase "pasar de la protesta a la propuesta" sintetizaba muy bien el espíritu de una fuerza que pretendía salir de la zona de confort tradicional de la izquierda dogmática y crear una fuerza laica capaz de disputar la hegemonía social desde la gestión de espacios de poder. Las escisiones sucesivas de aquel espacio han ido acentuando uno de aquellos dos componentes, la protesta o la propuesta, el perfil más impugnatorio y el más propositivo, el que incide en la importancia de ser valiente y no callar las verdades y el que resalta más la virtud de saber escuchar a las mayorías sociales.

No nos enseñaron bien la dialéctica y así nos va. No se trata de que uno de los componentes se imponga al otro; tampoco de hallar un punto de equilibrio. Se trata de profundizar en ambos a la vez. Para un sistema, para cualquier sistema, la desdiferenciación es tan peligrosa como la descoordinación. Un buen sistema se consigue ensamblando adecuadamente piezas y que estas ejerzan roles diferenciados. Sumar requiere que cada parte aporte su mejor talento: quien sabe impugnar, impugnación; quien sabe escuchar, escucha; quien sabe proponer e ilusionar, propuesta e ilusión; quien sabe gestionar, gestión. No hay buen guiso sin mezclar componentes diferentes en dosis adecuadas. El conjunto debe ser armonioso, pero cada componente debe mantener su sabor. ¿A quién le gusta esa ensalada en la que todo sabe a pepino?

Bueno, ya sabemos el guiso que queremos. Ya sólo nos falta saber cómo prepararlo. ¿Cómo le explicamos a cada componente cuál es su papel? Ya hemos visto en Andalucía todo lo que no hay que hacer: que no se pueden obtener buenos resultados implementando malos procesos, ni empezar a negociar acuerdos sin haber consensuado previamente las condiciones del proceso, las garantías, las mediaciones, los cortafuegos, las formas de recomposición de eventuales desencuentros. Hay que crear un clima previo, unos canales de comunicación que limiten las inevitables suspicacias, que transmitan calma, que aclaren dudas, que generen confianza, que transmitan adecuadamente la información necesaria, que apaguen los fuegos antes de que crezcan. Nos espera un examen muy duro, pero no está escrito que no vayamos a sacar una nota magnífica. Hay seis millones de votos ahí, a la vuelta.

#activismo

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Olas de calor, negacionismo y ambición climática

Los impactos tan graves que estamos viviendo estos días deben servir de acicate para impulsar una mayor ambición en las políticas climáticas que habían quedado nuevamente sepultadas, esta vez bajo la prioridad de la guerra de Ucrania
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Nombre autor: Juantxo López de Uralde

Ayer una noticia del Telediario nos contaba cuántos récords de temperatura se han batido en los últimos días en las distintas estaciones meteorológicas distribuidas por la Península Ibérica. No recuerdo la cifra exacta, pero me llamó la atención el mapa con decenas de puntos rojos por todo el territorio. Tras un noticiero cargado de imágenes sobre los incendios que asolan nuestros montes, los datos no dejaban lugar a dudas: el cambio climático está aquí.

Estamos en medio de una ola de calor sin precedentes, cuyos impactos son ambientales y humanos. La muerte de un bombero forestal o la de un barrendero de Madrid literalmente fulminado por el calor ponen cara a una situación de extrema gravedad que, por cierto, una vez más, afecta más a los más vulnerables.

Cabe recordar que solo unos días antes, en el Congreso de los Diputados, hice una referencia a la gravedad de la ola de calor en la que estamos inmersos, las risas de los diputados de la extrema derecha fueron sonoras. Tuve que pedir al presidente de turno que quizás habría que apagar el aire acondicionado para ver si al negacionismo que aún anida en la Cámara se le quitaban las ganas de reírse. El negacionismo no es la única razón para que no se avance en la lucha climática, pero tiene mucho que ver con la lentitud en la toma de medidas.

Ya en el año 1988, Naciones Unidas creó el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), para facilitar el conocimiento científico, técnico y socioeconómico sobre el cambio climático, sus causas, sus impactos, y las posibles estrategias para hacerle frente. En la actualidad, participan en el mismo miles de científicos de 195 países.

Desde entonces, y cada vez con mayor contundencia el IPCC ha ido elaborando informes en los que se han ido desglosando los impactos del cambio climático en cada región del mundo.

Inmersos como estamos en una ola de calor con una intensidad y extensión sin precedentes, debería ser obligado echar la vista atrás a los informes previos del IPCC. Por ejemplo, el cuarto informe del Grupo de Trabajo I, decía en el año 2007: “En un clima futuro más caliente, habrá mayores riesgos de que ocurran olas de calor más intensas, frecuentes y largas (…). En un clima futuro más caliente la mayoría de los modelos de circulación general atmosférica acoplados a un modelo oceánico ofrecen como pronósticos veranos más secos en la mayor parte de las latitudes medias y altas”. Podemos decir sin temor a equivocarnos, que lo que los científicos pronosticaban ya está aquí.

La pregunta que debemos hacernos es por qué si los científicos llevan tantos años advirtiendo de lo que viene, no se está actuando con mayor celeridad desde la política. He seguido desde hace muchos años las cumbres climáticas, y he vivido con frustración la lentitud de los avances. Ciertamente el negacionismo pagado con el dinero de los combustibles fósiles y sus ramificaciones políticas, ha tenido una influencia decisiva. Basta recordar la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París durante el mandato de Donald Trump, o los datos de destrucción de la selva amazónica durante el mandato de Bolsonaro en Brasil. Durante años el negacionismo se basó en financiar estudios que cuestionasen la ciencia climática. Hoy estamos ante un negacionismo puramente político que utiliza su oposición a las políticas climáticas para tratar de obtener un beneficio electoral.

Pero el negacionismo no puede explicarlo todo. Hay una objeción de baja intensidad a las políticas climáticas quizás mucho más dañina. La hemos vivido en estos años en el Congreso, donde cualquier medida que pretendiera avanzar en materia de ambición climática o fiscalidad verde se encontraba con las reticencias y la oposición de una amplia coalición de partidos que complacientes han defendido, bajo otras premisas, políticas “retardistas”. Un buen ejemplo de esto es la oposición constante de la derecha “moderada” a las Zonas de Bajas Emisiones (ZBEs) en las ciudades. En todas y cada una de las ciudades en las que se pretende ampliar el espacio de bajas emisiones, la oposición ha acudido a los tribunales para frenarlas, eliminando con ello de facto una medida imprescindible para reducir las emisiones.

Ante el cambio climático se puede/debe luchar. No está todo perdido. Hay que evitar que el CO2 se siga acumulando en la atmósfera y para ello tenemos que seguir impulsando medidas para reducir las emisiones, al tiempo que trabajamos para mitigar sus impactos. No podemos dejar que el negacionismo nos lleve al desánimo. Pero también tenemos que denunciar ese “retardismo” de baja intensidad que tanto daño está haciendo a las políticas para reducir las emisiones.

Los impactos tan graves que estamos viviendo estos días deben servir de acicate para impulsar una mayor ambición en las políticas climáticas que habían quedado nuevamente sepultadas, esta vez bajo la prioridad de la guerra de Ucrania. Necesitamos más hidroaviones para luchar contra los incendios forestales, y menos aviones bombarderos.

#ecologia

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Moviendo al Gobierno

Somos la única fuerza que puede realmente mover al gobierno para reforzar la escuela pública: debemos blindarla
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Nombre autor: Miren Gorrotxategi

Euskadi necesita un pacto de país por la educación. Este año se aprobará la ley de educación vasca y es mucho lo que está en juego. La educación es una herramienta imprescindible para la cohesión social y para apuntalar los cimientos de un futuro con menor desigualdad, más diverso y mejor. El reto, por lo tanto, es enorme y estar a la altura una responsabilidad que en Elkarrekin Podemos IU sentimos profundamente.

Son más que sabidas, porque lo repetimos incansablemente, cuáles son nuestras propuestas. Es más que sabido, también, que el borrador del pacto educativo se encontraba muy lejos de nuestras demandas. Pero somos tenaces y la responsabilidad que sentimos nos ha llevado a iniciar una negociación con el gobierno. Una negociación sincera y de alto nivel.

Dos son nuestras piedras angulares en esta negociación. Una mejor planificación del mapa escolar encaminada a terminar con la segregación y medidas concretas para avanzar en la publificación. Una escuela pública fuerte, diversa, sin guetos y euskaldun nos permitirá construir una Euskadi mejor. Esto es lo que estamos negociando y por lo que nos estamos dejando la piel.

Está siendo una negociación larga, con reuniones maratonianas, pero estamos negociando sobre contenidos programáticos. Atrás queda la falta de concreción. Lo que necesitamos es un pacto de país que acoja medidas y compromisos concretos. Queda todavía una semana y en ella trabajaremos incansables, porque somos muy conscientes del rol que ostentamos. Somos la única fuerza que puede realmente mover al gobierno para reforzar la escuela pública. Debemos blindarla. Somos conscientes de nuestro papel y lo asumimos decididas, con responsabilidad y liderazgo y con la absoluta certeza que el pacto educativo mejorará si estamos nosotras.

Negociaremos en los próximos días y lo haremos con discreción, fuera de los ruidos mediáticos, esperanzadas y con altura de miras. La escuela pública vasca se lo merece, Euskadi lo necesita y nosotras lo conseguiremos. Por eso negociamos.

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¿Alguien al volante en Euskadi?

Detrás de todas las malditas guerras hay canallas que las hacen e inocentes que las pagan. En su forma más trágica, tal y como vemos en Ucrania, en forma de miles de vidas humanas perdidas y millones de personas refugiadas.
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Nombre autor: Pilar Garrido

En Europa, en Euskadi en nuestro caso, terminamos contabilizando esta tragedia en términos de otras facturas más cotidianas para nosotras: las económicas. También éstas tienden a ser pagadas por quienes menos responsabilidad tienen y más vulnerables son.

Conviene avisar: la actual crisis inflacionaria no puede servir de excusa, como los prescriptores de recetas neoliberales ya pretenden, para atacar el empleo y los salarios, para imponer más sacrificios a las mayorías sociales. Necesitamos justo lo contrario para que no paguen los y las de siempre.

En primer lugar, es urgente responder de la manera mas inmediata posible a las necesidades básicas de la ciudadanía vasca. En este sentido, debemos blindar el poder adquisitivo de la clase trabajadora, proteger los empleos frente al despido e impulsar propuestas que permitan la ampliación de la cobertura y alcance del actual sistema vasco de protección social: reforzar la RGI, aprobar medidas adicionales tales como la implementación de una prestación universal de crianza, de 100 euros por hijo o hija, o crear un complemento de 250€ mensuales a las pensiones de menos de 1.000€. Así se lo hemos pedido al lehendakari.

En segundo lugar, que lo urgente no impida afrontar lo importante.

Aunque las medidas mencionadas y otras más, son medidas muy necesarias que actuarían de red de protección ante una crisis que se prevé larga e intensa, no nos engañemos, son remiendos a un viejo sistema que tiene ya demasiados agujeros. No solucionan el deterioro de un modelo que es incapaz de garantizar vidas dignas, vidas buenas, a la ciudadanía y mucho menos a las futuras generaciones.

Esta crisis económica parte de una crisis energética que no es consecuencia directa de la guerra en Ucrania. Del mismo modo que la pandemia evidenció las grietas de nuestro sistema sanitario, esta guerra ha puesto sobre la mesa la fragilidad de Euskadi en materia energética. Es decir, se ha acentuado un problema que ya padecíamos antes, y que es fruto de nuestra absoluta dependencia del oligopolio energético.

En definitiva, las crisis provocadas por la pandemia y por la guerra en Ucrania han evidenciado las debilidades de nuestro sistema: un sistema de protección social cada vez más mercantilizado, con unos servicios públicos de sanidad, de cuidados, insuficientes y un modelo energético dañino no sólo para el planeta sino para el bienestar de las personas, de las familias.

¿No son ya suficientes indicios de que no vamos bien? ¿No hay nadie al volante en Euskadi?

Lo que ha propuesto el lehendakari es más de lo mismo. No hay una reflexión de modelo de país. Se quiere perpetuar lo que es necesario cambiar, sin cuestionarse nada. Lamentablemente, el Gobierno vasco con el PNV al frente está enquistado en su viejo modelo neoliberal, que va socavando poco a poco las principales riquezas de la sociedad vasca: su carácter emprendedor y cooperativo, sus valores solidarios e igualitarios, su idea del bienestar y de lo común, su estrecha relación con la naturaleza, con la tierra y su cuidado,… al optar por una economía virtual, liquida, especulativa, muy poco respetuosa con la vida de los vascos y vascas y con nuestra tierra.

Es hora de hacer girar el volante entre todas y cambiar el rumbo; de diseñar un programa de transición con una hoja de ruta hacia un nuevo país, con un sistema económico y social más sostenible e igualitario, más feminista, más nuestro.

Un proyecto de país que insufle esperanza a la juventud vasca, que ofrezca garantías a la gente trabajadora y que interpele a las mujeres: hablemos pues del reparto de trabajo (productivo y reproductivo) y de reducir la jornada laboral, del reparto de la riqueza y de apostar por una fiscalidad mas progresiva y justa, de la provisión de vivienda digna y asequible, de un sistema vasco universal de cuidados, de salud mental o de una transición ecológica justa pensada desde una perspectiva comunitaria.

Tomemos nota. En la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas, la Francia Insumisa ha hecho propuestas valientes, transformadoras, de izquierda y ha estado muy cerca de pasar a la segunda vuelta. El resto de la izquierda, incluidos los socialistas, se han hundido anclados a sus viejas recetas.

Unidad, claridad en el discurso y propuestas transformadoras que interpelen a las mayorías sociales son algunos de los ingredientes necesarios para conformar un Frente amplio que ilusione y devuelva la esperanza. Este es el reto también en Euskadi.

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Hay razones de sobra

Este jueves 3 de marzo se va a aprobar en el pleno del Parlamento Vasco la reforma de la Ley de Igualdad. Elkarrekin Podemos votará a favor. Por muchas razones.
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Nombre autor: Isabel González

Porque cumple con el convenio de Estambul. Porque incluye muchas de las reivindicaciones del movimiento feminista. Porque desde que empezaron a computarse los asesinatos por violencia de género en 2003 son ya, según cifras oficiales, 1117 mujeres las asesinadas a manos de sus parejas o exparejas hombres. Porque según feminicidio.net el año pasado fueron 78 y este llevamos ya 12 feminicidios. Porque no es momento para disensos. Porque herramientas como esta, que permiten luchar contra las múltiples violencias machistas en un contexto de discursos misóginos y negacionistas por parte de la extrema derecha, son imprescindibles. Porque la brecha salarial es una realidad y ronda el 20%. Porque la pandemia solo ha acentuado las desigualdades de género y puesto la carga de cuidados donde siempre ha estado: sobre las mujeres.

Porque, por primera vez, la ley reconoce expresamente a niños, niñas, adolescentes y mujeres transexuales como víctimas de la violencia de género. Porque, también por primera vez, no se vincula el acceso a los  servicios con la existencia de una denuncia previa. Porque se adoptan criterios específicos para la elaboración de estadísticas y encuestas que deriven en mejores diagnósticos de las violencias machistas. Porque se
fijan medidas para su prevención. Porque se aumenta el peso de la sensibilización y se establece la formación obligatoria de todas las personas implicadas en la Administración. Porque se incorporan el Parlamento Vasco, las Juntas Generales de los territorios históricos, el Ararteko, el Tribunal Vasco de Cuentas y la Universidad del País Vasco/ Euskal Herriko Unibertsitatea como poderes públicos que deben cumplir esta ley.

Porque se prevé la creación del Observatorio de Igualdad de Euskadi. Porque mira más allá del cisheterocentrismo blanco y capacitista para establecer la obligatoriedad de desarrollar medidas para colectivos  específicos: mujeres gitanas, mujeres con diversidad funcional, mujeres en riesgo o situación de exclusión social, familias –con especial hincapié en las monomarentales–, mujeres mayores, mujeres migrantes, mujeres presas y mujeres en situación de sinhogarismo. Porque se recoge, por fin, la prohibición de actividades en espacios públicos en los que no se permita la participación de las mujeres, lo que conllevará la actuación directa e inequívoca por parte de las instituciones en los alardes paritarios.

Porque era nuestra obligación el que se incluyera la prohibición expresa de aplicación de teorías pseudo-científicas inventadas por el patriarcado como forma de castigo hacia las mujeres tales como el Síndrome de Alienación Parental (SAP). Porque invertir apenas 14 euros por habitante en eliminar las desigualdades es insuficiente. Porque no volverá a darse un escenario presupuestario como el de 2021, cuando no se destinó ni el 0,1% a luchar por la igualdad. Porque para lograrla, hace falta incrementar ese porcentaje, y así lo hemos hecho, hasta alcanzar como mínimo el 1,5% del presupuesto total de la Comunidad Autónoma de Euskadi. Porque pelearemos porque esa pequeña cifra sea un suelo y no un techo de gasto. Porque debemos garantizar los recursos para las mujeres víctimas de violencia sexual como es la creación de las casas de crisis 24 horas. Porque el acceso a la Interrupción Voluntaria del Embarazo debe ser, de verdad, libre, seguro y gratuito. Sin acosos, presiones ni coacciones. Sin privatizaciones, ni concertaciones, ya que en Euskadi únicamente el 9,3% de los abortos se llevan a cabo en la red pública.

Porque, aunque somos conscientes de lo que falta por incorporar, la urgencia del momento actual, con un aumento de las denuncias de agresiones sexuales, cifrado en un 31,6% solo en enero respecto al mismo periodo de 2020, nos señala que no puede retrasarse la aprobación de una Ley tan necesaria como esta. Porque ese ascenso señala el aumento de situaciones de violencia contra las mujeres, aún cuando no se conoce a fondo el alcance de la llamada ‘cifra oculta’, es decir, aquellas que no se llegan a denunciar, ya que, tal y como desvelaba la Macroencuesta elaborada por el Ministerio de Igualdad en 2018, solo el 8% de las mujeres que sufren agresiones sexuales fuera de la pareja siente confianza en las instituciones y fuerzas y cuerpos de seguridad para llevar a cabo dicha denuncia.

Porque apoyar una Ley no significa renunciar a seguir exigiendo más y más, como visibilizar y denunciar la violencia obstétrica, defender las decisiones de las mujeres en cuanto a la crianza y puerperio o garantizar una educación sexual integral que no hipoteque el futuro de niños, niñas y adolescentes ni deje en los márgenes a quienes no respondan a la norma. Porque la diversidad debe ser valorada y protegida. Porque el movimiento feminista, el que se ha construido a partir de las experiencias, luchas y reivindicaciones de las mujeres, y que sigue poniendo el cuerpo de tantas y tantas otras para que las futuras generaciones no sufran retroceso alguno, reclama una Ley de Igualdad que sea un marco legal para aterrizar y acercar políticas reales a mujeres reales.

Son muchos porqués, porque hay razones de sobra para apoyar esta reforma de la Ley de Igualdad.

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