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La ley de Educación: crónica de un acuerdo arruinado

El día 21 se aprobará la peor norma que podría tener Euskadi y la víctima de todo este despropósito será la escuela pública vasca

Decía el otro día Ortuzar en Radio Euskadi que la nueva ley de educación es tan hija de EHBildu como del PNV. Y la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero. De hecho, esta ley está hecha a imagen y semejanza de la propuesta educativa de EHBildu “Hacia un Sistema Público Soberano”, lanzada en septiembre de 2021.

En esta propuesta, se establecen las bases de un modelo “transicional” (hasta alcanzar ese Sistema Público Soberano, se entiende) donde literalmente se “supera la dicotomía público/privada” unificando en una sola red todos los centros educativos al margen de su titularidad. En el documento de EHBildu a esta red se la denomina Hezigune; en el Proyecto de Ley que se aprobará el 21 de diciembre se traduce como “Servicio Público Vasco de Educación”.

Esta idea, la de equiparar a todos los centros educativos y regirlos bajo una misma lógica, sean públicos o privados, fue la que permitió el entendimiento entre el PNV y EHBildu desde el primer momento. Las negociaciones que propiciaron el acuerdo entre ambas formaciones, antes incluso de que el PNV negociará con el PSE, se basaban en una confluencia de intereses: rescatar a los centros privados-concertados ante el inevitable cierre de aulas consecuencia del descenso de la natalidad. En el caso del PNV se trataba de “salvar” a las kristau eskolak; en el caso de EHBildu, a las ikastolas. La gran perjudicada de este movimiento, evidentemente, iba a ser la escuela pública vasca. Tal y como llevan años denunciando los diferentes agentes defensores de la pública.

Para EHBildu, la justificación política de equiparar ambas redes, es decir, de diluir la importancia del carácter público de la educación, es el siguiente (según su propio documento): “El carácter de servicio público no lo define la naturaleza jurídica del centro, sino los compromisos que éste adopta para con la comunidad”. El problema de esta afirmación, más allá de sus evidentes implicaciones negativas por comprometer un derecho fundamental al delegarlo en manos privadas, es que obvia de manera flagrante la situación práctica, tangible, cruda, del sistema educativo vasco.

¿Pero qué compromiso con la comunidad pueden adoptar aquellos centros que miran la renta y el origen de los niños y niñas a la hora de permitir su matriculación? La realidad es que Euskadi está en el pódium vergonzoso de la segregación escolar. Es la comunidad del Estado donde más se segrega al alumnado por origen, y la segunda donde más se segrega por razones socioeconómicas (después de Madrid). Evidentemente, este problema tiene múltiples causas, pero una razón principal: el sistema de concertación universal que hace que tengamos el mayor grado de privatización educativa de Europa. Este sistema impone barreras en el acceso a muchos centros educativos concertados para el alumnado vulnerable. La nueva ley, con su Servicio Público Vasco de Educación, lejos de atajar este problema, viene a consolidarlo, a normalizarlo y a darle naturaleza legal. 

EHBildu ha sido absolutamente leal al PNV durante todo el proceso, además de llamativamente crítico con Elkarrekin Podemos-IU cada vez que hemos salido denunciando los incumplimientos del acuerdo de bases (incluso tachándonos de irresponsables por hacerlo públicamente). Por eso, ahora cabe preguntarse por qué EHBildu, más allá de la alusión al aspecto lingüístico en el preámbulo de la ley, ha anunciado su voto negativo. ¿Por qué lo ha hecho si esta ley acoge su principal interés, que es la creación de ese artefacto que va a consolidar la privatización generalizada (llámese Hezigune o Servicio Público Vasco de Educación)?

Pues bien, dos hipótesis que explicarían este viraje de última hora:

Por un lado, la oportunidad. En pocos meses habrá elecciones autonómicas y a nadie se le escapa que un acuerdo de tal envergadura, en un tema tan delicado, y con todo el movimiento de la escuela pública en contra, podría ser un factor negativo a la hora de afrontar la campaña. Haciendo una evaluación de riesgos, podría inquietarles el flanco abierto a la crítica por parte de un amplio sector de la población que no entiende cómo un partido de izquierdas estaría bendiciendo la privatización educativa junto con la derecha vasca. Además de que resquebrajaría su imagen de partido opositor y de alternativa de gobierno al PNV.

Por otro lado, la cuestión nacional. Curiosamente los modelos lingüísticos han tenido mucho más peso que la contradicción público/privada (es decir, el eje izquierda/derecha) a la hora de tomar esta decisión. Es cierto que la inclusión de los modelos en el cuerpo de la ley (aunque sea en el preámbulo y no tenga un carácter dispositivo) constituye un nuevo incumplimiento del acuerdo educativo en el sentido de que es incompatible con el modelo común plurilingüe adoptado en este. Pero no es menos cierto que la virtualidad de esa enmienda es mucho menos significativa a efectos prácticos (al final de lo que se trata es de modificar la Ley del Euskera) que el hecho de considerar como público a lo que realmente es privado y perpetuar una situación de segregación insostenible, con los efectos que esta tiene para la cohesión social del país.

El PSE también ha jugado sus cartas y ha maniobrado con tres principales objetivos. 1. Desviar el foco de lo que realmente es importante en esta ley. 2. Obligar al PNV a elegir socio preferente (de hecho, lo que ha blindado el PSE es su alianza con el PNV para un hipotético gobierno futuro) y 3. Potenciar su identidad política exagerando su enemistad con EHBildu. Y todo esto a costa de traicionar a la escuela pública y a la propia ley Buesa que lleva su ADN. 

Sea como fuere, lo que es seguro es que el 21 de diciembre se aprobará una ley, por la mínima, que va a comprometer el futuro de las próximas generaciones. La víctima que ha salido peor parada en todo este despropósito que ha caracterizado el proceso educativo no ha sido la credibilidad de EHBildu, tampoco el talante moderado del PSE, ni siquiera la carrera política del consejero Bildarratz en su camino a la lehendakaritza; sino la escuela pública vasca, que es el campo de entrenamiento para una sociedad mejor.

 PODEMOS Ahal Dugu

David Soto (parlamentario de Elkarrekin Podemos IU)

16 Diciembre 2023

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